Adherencia terapéutica: el medicamento más caro no es el de mayor precio, sino el que se usa mal o no se usa

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Guillermo Estrada, farmacéutico en Arganda del Rey (Madrid) y Coordinador del Grupo de Respiratorio y Tabaquismo de SEFAC, nos da su opinión. El 21 de marzo de 2019, Infarma se clausuraba en Barcelona. Han pasado dos años y a los retos del sector, marcados en aquellas jornadas, se ha sumado ...

Guillermo Estrada, farmacéutico en Arganda del Rey (Madrid) y Coordinador del Grupo de Respiratorio y Tabaquismo de SEFAC, nos da su opinión. El 21 de marzo de 2019, Infarma se clausuraba en Barcelona. Han pasado dos años y a los retos del sector, marcados en aquellas jornadas, se ha sumado la terrible pandemia de la Covid-19. Pero los retos siguen vigentes, y el primero de ellos es la adherencia al tratamiento en personas mayores polimedicadas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la adherencia como "el grado en el que la conducta de un paciente, en relación a la toma de medicación, el seguimiento de una dieta o la modificación de hábitos de vida, se corresponde con las recomendaciones acordadas con el profesional sanitario".

Desde luego es un reto que no solo se ha mantenido, sino que, lamentablemente, ha acentuado la necesidad de atajarlo, ya que todos y cada uno de los factores relacionados con la adherencia terapéutica: 1.- Terapia, 2.- Sistema Sanitario, 3.- Enfermedad, 4.- Paciente y 5.- Socio-económicos, se han visto alterados en detrimento de una buena adherencia al tratamiento. Como ejemplos que todos conocemos, los tratamientos han aumentado su duración sin supervisión médica, han tenido un seguimiento inadecuado, en las enfermedades asintomáticas el paciente se ha relajado, la falta de conocimiento sobre su patología y la dificultad de acceso al Sistema Nacional de Salud (SNS), así como la crisis que viene, está poniendo la adherencia al tratamiento como el gran reto del sistema de salud para la próxima década.

¿Quién es el principal interesado en ser adherente al tratamiento? El primero el paciente, y el segundo el paciente, porque todos los pacientes somos contribuyentes al Estado y somos nosotros quienes pagamos nuestros propios tratamientos y los de nuestros conciudadanos. Antes de esta pandemia tan solo el 50% de la población era adherente a su tratamiento, un porcentaje baja hasta el 28% en pacientes con depresión o al 41% en pacientes con EPOC. Todavía no tenemos datos post pandemia, pero desde luego se espera que no sean mejores.

Si nos centramos por ejemplo en la HTA, sabemos que el 35% de la población mayor de 45 años es hipertensa, más de 8 millones de españoles, el tratamiento más barato contra la HTA tiene un PVP de 1,61€/mes y supongamos un código de aportación TSI 3 para todos, estas cuentas generan que España invierte un mínimo de 5 millones de euros en el tratamiento de estos pacientes, de los que solo 2,5 millones se materializan en beneficios directos en la salud. Se ha estimado que la falta de control de la patología incrementa un 13,05% el coste unitario y, por otro lado, se ha estimado que el aumento de diez puntos porcentuales en la adherencia tiene un efecto directo en la efectividad, reduciendo en un 6,7% los eventos y las muertes por enfermedad cardiovascular (ECV). Existen muchos métodos para combatir la falta de adherencia al tratamiento. De hecho, sociedades científicas como la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria (SEFAC) disponen de documentos para mejorar el abordaje de la adherencia (guía ADHE+). Y es que el farmacéutico comunitario, por su cercanía, accesibilidad, sus competencias y funciones profesionales, puede tener un papel clave.

Cada acto de dispensación, la revisión de uso de la medicación, el seguimiento farmacoterapéutico, la preparación de sistemas personalizados de dosificación o reacondicionamiento (SPD), las charlas asistenciales a asociaciones de enfermos o la comunicación entre el médico y el farmacéutico son acciones que pueden resultar muy eficientes para la prevención de errores, incumplimientos u otras cuestiones relacionadas con el estado de salud y adherencia del paciente.

No me cansaré de repetir esta frase: "El medicamento más caro no es aquel que tiene un precio más alto, sino el que se usa mal o no se usa", y para promover un buen uso de la medicación se debe insistir en ese gran reto que se planteó hace dos años, que lleva existiendo décadas y que persistirá para siempre si no somos capaces de abordarlo entre todos. Y, desde luego, eso incluye al farmacéutico como pieza fundamental.

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