La historia clínica electrónica: debe facilitarse su uso a los farmacéuticos comunitarios


14-07-2021

Jaime Acosta, farmacéutico comunitario y responsable de Proyectos y miembro de la Sección de Farmacia Comunitaria (CPS) de la FIP, reflexiona sobre los futuros cambios en la gestión de la información clínica.

Los países más avanzados en facilitar el acceso a farmacéuticos comunitarios a la historia clínica electrónica del paciente, tanto a su lectura como a su escritura, según una reciente encuesta de la Federación Internacional Farmacéutica (FIP, en sus siglas en inglés) son Brasil, Países Bajos y Suecia. La historia clínica ...

Los países más avanzados en facilitar el acceso a farmacéuticos comunitarios a la historia clínica electrónica del paciente, tanto a su lectura como a su escritura, según una reciente encuesta de la Federación Internacional Farmacéutica (FIP, en sus siglas en inglés) son Brasil, Países Bajos y Suecia. La historia clínica electrónica, y la cobertura que alcanza respecto de los datos de pacientes, es un concepto que varía entre países y entornos. En numerosas ocasiones lo que se considera una historia clínica electrónica no es formalmente tal, sino una parte de ella o un resumen de la misma.

En general permite una comunicación eficiente entre los agentes que rodean al paciente y también con éste para reducir costos, mejorar la calidad de la atención y la seguridad del paciente. También les ayuda a responsabilizarse informadamente de su propia salud. Se caracteriza porque contiene toda la información sanitaria personal. Es completa, no engloba solamente a un nivel de atención o a una especialidad, sino a todos los profesionales sanitarios que atienden al paciente. Esto incluye a los farmacéuticos comunitarios. Es digital y abarca toda la vida del paciente. Es igualmente prospectiva, ya que no sólo incorpora eventos pasados, sino también planes de tratamiento y recomendaciones.

En general, en la farmacia, en todo el mundo se tiene un acceso insuficiente al historial clínico y ésta funciona como un silo, trabajando aisladamente del resto de profesionales e incluso del propio paciente. Pero, como profesionales sanitarios que somos, necesitamos datos para ofrecer el mejor servicio posible a los pacientes. ¿Cómo vamos a dispensar algo a alguien a lo que es alérgico? Por ejemplo, ¿un medicamento teratógeno a una paciente que está embarazada? Esto, que parece tan obvio, a nuestros gestores no les resulta

tanto, y parecemos darlo por normal. En la práctica hemos de confiar en lo que nos refiere de memoria el propio paciente, con sus sesgos y su mejor o peor capacidad de explicar cuestiones que pueden ser muy complejas, o informes en papel a veces no actualizados que en todo caso no permiten un acceso instantáneo. El acceso a la historia clínica electrónica resuelve estos problemas.

Los farmacéuticos tenemos un papel fundamental a la hora de informar sobre el uso seguro y efectivo de los medicamentos, no sólo los de prescripción, sino también medicamentos sin receta o incluso productos de parafarmacia que podrían ser susceptibles, además, de ser registrados en esta historia clínica. Del mismo modo, hay determinada información, no estructurada, que los farmacéuticos, como sanitarios, podríamos creer importante que conozcan otros profesionales sanitarios, o incluso el propio paciente.

En otros países, han superado las barreras para permitir el acceso al historial clínico electrónico, resolviéndolo de distintas maneras. Es fundamental que, sobre todo, cumpla el estándar de interoperabilidad, que sea confidencial y que permita trazabilidad de accesos, y que pueda adaptarse su acceso al trabajo en la farmacia. Necesita ser intuitivo. A su vez, los farmacéuticos que ya acceden requieren formación en su manejo.

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