La digitalización en las farmacias comunitarias y los nuevos servicios profesionales: ¿A qué tenemos miedo?


16-07-2021

Rubén Martín, Farmacéutico comunitario, Consultor y docente nos plantea su visión sobre la digitalización del sector farmacéutico.

"A mí no me gusta, yo no lo apoyo, pero es inevitable". Siempre empiezo y termino mis intervenciones, en las que debo reconocer que a veces me suelen caer bastantes palos, tanto porque me gusta que hagamos auto análisis y auto crítica de manera abrupta, como porque el tema tiene ...

"A mí no me gusta, yo no lo apoyo, pero es inevitable". Siempre empiezo y termino mis intervenciones, en las que debo reconocer que a veces me suelen caer bastantes palos, tanto porque me gusta que hagamos auto análisis y auto crítica de manera abrupta, como porque el tema ti

ene muchas aristas que algunos se niegan a asumir. El cambio y la capacidad de adaptación son inherentes a todos los sectores, a todas las profesiones. Siempre tenemos tendencia a pensar que la farmacia es y será necesaria y de ello deducimos que, por tanto, nada debe cambiar. Pensar que la tecnología sustituye a las personas y le resta "esencia" a la farmacia es como pensar que lo suyo es usar el caballo en lugar del tren.

Los pacientes quieren ir en tren (o en avión) y si no entendemos que debemos adaptarnos a una sociedad que, antes de la pandemia, aumentaba el uso de las redes para todo (to-do) a un ritmo superior al 200% anual, para llegar a superar el 400% en la pandemia, nos vamos a convertir en algo que no nos gusta, porque el tren nos va a pasar por encima.

Ruego al lector que no caiga en la dicotomía; no se trata de hacer lo que los pacientes quieran, se trata de detectar sus nuevas necesidades y modos de vida para darle soluciones. Esto es opinable en el caso del paciente "2.0", que ya es 5.0, pero estaremos de acuerdo en que esto es incuestionable en el caso de pacientes como los dependientes. Por ejemplo, el servicio que espuriamente se intenta usurpar a la farmacia comunitaria, el del sector sociosanitario (las residencias), presenta un per­ l de paciente cambiado con respecto al de hace tan solo unos años

Ahora hablamos de ciudadanos que VIVEN en las residencias, ciudadanos que exigen que se les trate de manera individualizada y que tienen los mismos derechos que el resto de la población a elegir qué servicio sanitario se les presta, también el servicio de farmacia. Este servicio no puede ser impuesto a ser dado desde un hospital como se pretende en algunas comunidades, tampoco debe ser designado por un concepto antediluviano basado exclusivamente en distancias, debe centrarse en la excelencia e inmediatez del servicio; en la libertad de elección del servicio.

Todo esto solo puede hacerse con el uso de tecnología, con el uso, por ejemplo, de SPD permanentemente conectados a la farmacia, con reconocimiento facial para aportar información sobre el estado de ánimo del paciente, incluso por su tono de voz y que se anticipa a posibles problemas de adherencia por detectar que se acercan fechas concretas como vacaciones, cumpleaños de familiares. Estas herramientas, que son ya una realidad, permiten dar una asistencia de manera individualizada, reproducible y trazable.

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