La farmacia como centro de información contra los piojos

Un año más, con la vuelta a los colegios y escuelas infantiles en septiembre, también regresan los temidos piojos, especialmente entre la población infantil, produciéndose un aumento de casos de pediculosis. La farmacia es un centro de referencia para las familias ante este problema.

Los piojos son insectos parásitos sin alas que infestan especialmente a la población infantil, adhiriéndose al cabello con el fin de alimentarse succionando sangre del cuero cabelludo. Se encuentran habitualmente en la nuca y detrás de las orejas, y se desplazan fácilmente de un pelo a otro, aunque no saltan ...

Los piojos son insectos parásitos sin alas que infestan especialmente a la población infantil, adhiriéndose al cabello con el fin de alimentarse succionando sangre del cuero cabelludo. Se encuentran habitualmente en la nuca y detrás de las orejas, y se desplazan fácilmente de un pelo a otro, aunque no saltan ni vuelan. Estas infestaciones se conocen como pediculosis y causan mucho picor e irritación, siendo muy molestas y recurrentes. El signo más frecuente de su presencia es el rascado de la cabeza, que puede ser tan intenso que, a menudo, provoca lesiones erosivas de la zona infestada.

Por esta razón, en el mes de septiembre, con la vuelta a los colegios, que fomenta el contacto estrecho entre niños, aumentan notablemente los casos de pediculosis. Asimismo, algunas prácticas como los selfies también han extendido esta problemática a adolescentes y adultos. Los piojos son un auténtico incordio al que está expuesto todo el mundo y que, pase lo que pase, vuelven año tras año, especialmente en los primeros meses de colegio. Se calcula que entre el 4 y el 15% de los niños en edad escolar está afectado por este problema, que en principio no supone un peligro trascendental para la salud, ya que no ocasiona trastornos graves ni transmite enfermedades.

Hasta hace unos años, los piojos apenas se mostraban activos durante los meses de verano. Hoy en día esta situación ha cambiado, los últimos estudios muestran un importante incremento de infestaciones, hasta el punto que las cifras están alcanzando niveles propios de los meses de septiembre y octubre, que es cuando se producía la máxima incidencia. Este aumento se debe en parte a que los niños pasan mucho tiempo con otros niños, sobre todo en campamentos y lugares de ocio, y las ocasiones de contagio se disparan.

El enemigo

El piojo de la cabeza o Pediculus humanus capitis es un ectoparásito hematófago, perteneciente al orden Phthiraptera y especie Anoplura, que parasita exclusivamente el cuero cabelludo del hombre. Es decir, es un insecto que vive a expensas del hospedador, del cual se nutre, no pudiendo sobrevivir más de 24-48 horas fuera del mismo. Su temperatura óptima de crecimiento se sitúa alrededor de los 28ºC, siendo muy sensibles a temperaturas fuera de su rango de crecimiento: entre los 22 y 36ºC. Son parásitos chupadores, por lo que el piojo dispone de un aparato bucal adaptado para succionar la sangre que le sirve de alimento. Paralelamente inocula su saliva en el mismo lugar de la picadura, induciendo una reacción de hipersensibilidad dérmica, que se manifiesta con inflamación e intenso prurito.

El piojo adulto respira mediante unos agujeros dispuestos en diferentes partes del cuerpo, denominados espiráculos. El piojo adulto es visible a simple vista, suele medir entre 1 y 3 mm de largo, siendo el tamaño de las hembras superior al de los machos. Su color es variable, desde un gris blanquecino hasta un amarillo o rojo cuando están llenos de sangre. Su cuerpo, trisegmentado, posee seis patas provistas de una especie de uñas articuladas adaptadas para asirse fuertemente al pelo y depositar allí sus huevos o liendres.

Las liendres presentan forma ovoidea, son operculadas, blanquecinas y se hallan unidas al pelo por una secreción adherente, insoluble en agua y muy resistente, que dificulta su total eliminación. Son depositadas por las hembras 1 o 2 días después de que éstas alcancen su madurez sexual en las zonas cercanas al cuero cabelludo. El número de liendres que cada hembra puede poner diariamente oscila entre 4 a 10, pudiéndose alcanzar cifras de hasta 300-500 huevos durante la vida adulta del ectoparásito (30-40 días aproximadamente). A partir de los 4-14 días tras la puesta de la liendre, eclosionan las ninfas o larvas, también hematófagas. Su pequeño tamaño hace que no sean visibles a simple vista, debiendo sufrir aún tres estadios más hasta alcanzar la madurez del insecto. Su incubación se ve favorecida por el calor y humedad del cuero cabelludo.

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