El farmacéutico comunitario, clave en la mejora de la adherencia al tratamiento


15-10-2021

El farmacéutico comunitario tiene un papel esencial como primer eslabón de la cadena asistencial para personas que sufren dolor y acuden a las farmacias en búsqueda de una solución.

Por María Edelmira Córcoles Ferrándiz, Coordinadora del Grupo de Trabajo de Dolor de SEFAC y Codirectora del I Título Universitario De Experto En Dolor para Farmacéuticos. Además de ser el especialista encargado de la dispensación del medicamento, labor para la cual está perfectamente formado, el farmacéutico comunitario atiende diariamente numerosas consultas ...

Por María Edelmira Córcoles Ferrándiz, Coordinadora del Grupo de Trabajo de Dolor de SEFAC y Codirectora del I Título Universitario De Experto En Dolor para Farmacéuticos.

Además de ser el especialista encargado de la dispensación del medicamento, labor para la cual está perfectamente formado, el farmacéutico comunitario atiende diariamente numerosas consultas y dudas de los pacientes. Muchas de esas consultas tienen en común una problemática que les impacta de manera muy directa: el dolor. Por este motivo, es de especial relevancia perseverar en el interés, estudio y abordaje de estos pacientes y actualizar los conocimientos. Es decir, es necesaria una continuidad en la formación y especialización en el dolor.

Este es el objetivo con el que nace el I Título universitario de experto en dolor para farmacéuticos, que tengo el honor de codirigir. Este posgrado es el primero de este tipo a nivel nacional y busca reforzar los conocimientos de los farmacéuticos comunitarios con el objetivo de que puedan aconsejar de manera más activa a los pacientes con dolor y coordinarse con los médicos que les atienden.

Coordinación asistencial y adherencia

Esa coordinación entre los distintos niveles asistenciales (Atención Primaria, Farmacia y Atención Especializada) hoy no existe –salvo a nivel particular, cuando los profesionales se conocen–, y sería muy útil para ayudar al paciente con dolor. Con ella, se contribuiría a resolver muchos problemas, como la adherencia terapéutica y los problemas relacionados con la farmacoterapia, entre otros.

El abordaje de la adherencia, en concreto, podría beneficiarse enormemente de una visión multidisciplinar en la que la farmacia tuviera protagonismo. El farmacéutico comunitario –por su posición estratégica, sus conocimientos del paciente y su entorno sociosanitario, así como de la farmacoterapia del paciente; es decir, de los fármacos que toma, sean indicados por su farmacéutico o se

trate de automedicación–, puede desempeñar un papel decisivo en el seguimiento del cumplimiento terapéutico del paciente crónico y polimedicado.

El farmacéutico comunitario puede reforzar la prescripción del médico y observar la posología, duración y efectos adversos del tratamiento, adoptando una función importante en la dispensación y recordando al paciente la necesidad de ser adherente, influyendo adecuadamente en la toma de decisión y el uso responsable del tratamiento.

Pero para ello, insisto, se necesita una comunicación bidireccional entre los distintos niveles y profesionales sanitarios. En una época de grandes avances informáticos en comunicación queda todavía ese obstáculo en la gestión sanitaria. Mientras no tengamos esa comunicación, no podremos mejorar la salud del paciente, ni conseguir un sistema de salud más eficiente.

Debido a los cambios demográficos, sociales, económicos y culturales que se han producido en los últimos años, el modelo asistencial ha evolucionado y el paciente está en el centro, rodeado de múltiples profesionales sanitarios, entre ellos los farmacéuticos comunitarios.

Formación continuada

Asuntos como el expuesto –la comunicación entre farmacéutico y paciente, farmacéutico y Atención Primaria, farmacéutico y Atención Especializada– constituyen enfoques novedosos y que requieren de un proceso de divulgación y de la actualización de los profesionales para ser puestos en práctica. Es por ello que el l Título universitario de experto en dolor para farmacéuticos les dedica un importante espacio.

Además de estos aspectos –la adherencia y la coordinación entre profesionales sanitarios– durante el curso se abordarán otros aspectos muy interesantes como el enfoque biopsicosocial y los tratamientos no farmacológicos, la farmacogenética, el seguimiento farmacoterapéutico o la adicción y la deshabituación.

Este enfoque biopsicosocial supone un cambio en el concepto del dolor crónico, que se ha de tratar desde tres ámbitos: biológico, psicológico y social, personalizando e individualizando cada situación, transmitiendo empatía al paciente. En cuanto a la farmacogenética, se trata de una visión novedosa que nos encauza hacia una medicina personalizada y preventiva. Ayuda a prevenir la toxicidad de los fármacos, así como la aparición de efectos secundarios, evitando la ineficacia terapéutica, entre otras muchas. Por último, con el seguimiento farmacoterapéutico se garantiza una mayor efectividad y seguridad en los tratamientos de los enfermos de dolor crónico.

Hasta ahora existían algunos cursos, como por ejemplo los másteres en dolor realizados por universidades, pero no específicos para farmacéuticos. Es por ello que este curso, que nace de la colaboración entre la Universidad de Cádiz, la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria (SEFAC), la Sociedad Española Multidisciplinar del Dolor (SEMDOR) y Grünenthal, constituye un hito. Creo que es una gran noticia la creación de nuevos cursos como este, orientados al farmacéutico, y que pueden constituir un punto de inflexión en el abordaje del dolor crónico.

Queda demostrado que los profesionales de las farmacias comunitarias tienen un probado conocimiento sobre los fármacos, pero las innovaciones y los nuevos enfoques aquí expuestos hacen que los profesionales precisen de una formación continuada para actualizar sus conocimientos. En conclusión, podemos decir que necesitamos formación continuada para mejorar la calidad de vida del paciente con dolor.



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