A prueba el efecto del estrés de la pandemia sobre el ciclo menstrual

“El estrés puede manifestarse en el cuerpo de las mujeres como cambios en la función menstrual, y sabemos que la pandemia ha sido un momento increíblemente estresante para muchas personas".

Las mujeres con un alto nivel de estrés relacionado con la pandemia de COVID-19 tenían el doble de probabilidades de experimentar cambios en su ciclo menstrual en comparación con aquellas con un bajo nivel de estrés, según una nueva investigación de la Universidad de Pittsburgh (Estados Unidos) publicada en la ...

Las mujeres con un alto nivel de estrés relacionado con la pandemia de COVID-19 tenían el doble de probabilidades de experimentar cambios en su ciclo menstrual en comparación con aquellas con un bajo nivel de estrés, según una nueva investigación de la Universidad de Pittsburgh (Estados Unidos) publicada en la revist ´Obstetrics & Gynecology´.

En general, más de la mitad de las participantes en el estudio informaron de cambios en la duración del ciclo menstrual, la duración de la regla, el flujo menstrual o el aumento del manchado, irregularidades que podrían tener consecuencias económicas y sanitarias para las mujeres, dicen los investigadores.

Al principio de la pandemia, en las conversaciones con las amigas y otras mujeres surgía la idea de que ´desde la pandemia, mi menstruación ha estado un poco rara´ --explica la autora principal, Martina Anto-Ocrah, doctora en medicina y profesora adjunta de la División de Medicina Interna General de la Facultad de Medicina de Pitt. "El estrés puede manifestarse en el cuerpo de las mujeres como cambios en la función menstrual, y sabemos que la pandemia ha sido un momento increíblemente estresante para muchas personas".

Anto-Ocrah y su equipo desarrollaron una encuesta de dos partes que incluía una escala de estrés COVID-19 validada y cambios en el ciclo menstrual autoinformados entre marzo de 2020 y mayo de 2021. Para llegar a una población diversa que fuera representativa de los Estados Unidos, trabajaron con una empresa de investigación de mercado para reclutar un grupo de participantes geográfica y racialmente representativo para completar la encuesta en línea. Limitaron la muestra a personas de entre 18 y 45 años que se identificaran como mujeres y que no tomaran anticonceptivos hormonales.

De las 354 mujeres que completaron las dos partes de la encuesta, el 10,5% declaró tener un alto nivel de estrés. Tras tener en cuenta la edad, la obesidad y otras características, los investigadores descubrieron que las mujeres con un alto nivel de estrés COVID-19 eran más propensas a informar de cambios en la duración del ciclo menstrual, la duración del periodo y el manchado que sus compañeras con bajo nivel de estrés.

También hubo una tendencia a un flujo menstrual más abundante en el grupo de alto estrés, aunque este resultado no fue estadísticamente significativo.

"Durante la pandemia se ha redefinido el papel de la mujer y, como sociedad, se dio un paso atrás en cuanto a la equidad de género --recuerda Anto-Ocrah--. Las mujeres solían cargar con el peso del cuidado de los niños y de las tareas domésticas, y los cambios en las actividades diarias y el riesgo de infección por COVID-19 les han resultado más estresantes que a los hombres".

Alrededor del 12% de las participantes informaron de cambios en las cuatro características del ciclo menstrual, un hallazgo que los investigadores calificaron de alarmante.

"El ciclo menstrual es un indicador del bienestar general de las mujeres --subraya Anto-Ocrah--. Las alteraciones del ciclo menstrual y la fluctuación de las hormonas pueden afectar a la fertilidad, la salud mental, las enfermedades cardiovasculares y otros resultados. En última instancia, estos factores también pueden influir en la dinámica de las relaciones, agravando potencialmente la tensión en las mismas".

Las menstruaciones más largas, frecuentes o abundantes también pueden afectar a la cartera de las mujeres debido a los costes adicionales de los productos de higiene femenina.

"Sabemos que la pandemia ha tenido repercusiones económicas negativas para muchas personas --señala Anto-Ocrah--. Si los cambios en el flujo durante una época de dificultades económicas aumentan los costes relacionados con el periodo -o el ´impuesto sobre los tampones´- económicamente, es un doble golpe".

Espera que el estudio inspire más investigaciones sobre el estrés de la COVID-19 y la salud de las mujeres a escala mundial, incluidos los posibles efectos a largo plazo sobre la fertilidad, la transición a la menopausia y la salud mental.

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